Gustavo Adolfo Bécquer. Rima LXXVI

bec12En la imponente nave
del templo bizantino,
vi la gótica tumba a la indecisa
luz que temblaba en los pintados vidrios.
Las manos sobre el pecho,
y en las manos un libro,
una mujer hermosa reposaba
sobre la urna del cincel prodigio.
Del cuerpo abandonado
al dulce peso hundido,
cual si de blanda pluma y raso fuera
se plegaba su lecho de granito.
De la sonrisa última
el resplandor divino
guardaba el rostro, como el cielo guarda
del sol que muere el rayo fugitivo.
Del cabezal de piedra
sentados en el filo,
dos ángeles, el dedo sobre el labio,
imponían silencio en el recinto.
No parecía muerta;
de los arcos macizos
parecía dormir en la penumbra
y que en sueños veía el paraíso.
Me acerqué de la nave
al ángulo sombrío,
con el callado paso que se llega
junto a la cuna donde duerme un niño.
La contemplé un momento
y aquel resplandor tibio,
aquel lecho de piedra que ofrecía
próximo al muro otro lugar vacío.
En el alma avivaron
la sed de lo infinito,
el ansia de esa vida de la muerte,
para la que un instante son los siglos…
Cansado del combate
en que luchando vivo,
alguna vez me acuerdo con envidia
de aquel rincón oscuro y escondido.
De aquella muda y pálida
mujer me acuerdo y digo:
“¡Oh, qué amor tan callado el de la muerte!
¡Qué sueño el del sepulcro tan tranquilo!” 

Gustavo Adolfo Bécquer ( 1836-1870) poeta posromántico aunque englobado dentro del romanticismo se caracteriza por una sensiblidad excepcional que le transmitió su tía Manuela Monahai  ya que tuvo una infancia muy marcada por las muertes tempranas de su padre, su madre y su hermano, sucesos que le pesarían en el alma toda la vida  además del desengaño amoroso con Julia Espín. Todos estos sucesos le hizieron ser más romántico y buscar la evasión del mundo real a través de la poesía.

La rima LXXVI pertenece al Libro de los gorriones, obra póstuma de Bécquer y más conocida como Rimas que están divididas en cuatro grupos ( Poesía, el amor ilusionado, el fracaso amoroso y el desengaño y la soledad y la muerte) según la temática del poema y el momento de su vida a que corresponde. Esta rima pertenece al último grupo de la soledad y la muerte.

Estructurada en once estrofas de cuatro versos cada una Bécquer nos habla de forma subjetiva de como puede llegar a ser de dulce la muerte y de como le gustaría a  él comprobarlo.

Partidario de los conservadores, Bécquer muestra su amor por la edad media y lo gótico en expresiones como gótica tumba, pintados vidrios, lecho de granito, las esculturas de los ángeles…Además situa la rima en un templo bizantino muy grande, hecho que hace que él parezca diminuto ante la casa de Dios y el sepulcro de la muerte. Se nos muestra el punto de vista de Bécquer sobre la muerte a través de una mujer hermosa y joven con la que él se puede identificar y  a la que sólo observa . En este punto Bécquer se tranforma en el observador que nos va narrando todos los gestosy expresiones  que muestra  la estátua yacente de la  muerta; destaca de ella una preciosa sonrisa que le hace parecer simplemente  sumida en un profundo y delicicoso sueño, mitifica la muerte como el descanso en el que se sueña  y alcanza el paraíso. Poco a poco el observador se acerca con un paso  (callado paso) que personifica para crear más expectación a los próximos sucesos, y así, contiguo a la tumba de la joven poder contemplar un espacio vacío  que no es ni más ni menos que la tumba de Bécquer, un poeta maldito, frustado, solo en el mundo y al que puede que no le quede otra salida que el descanso asegurado que proporciona la muerte; en este punto, la figura del observador objetivo desaparece para dar lugar a una lucha entre el yo heroico que pretende alcanzar la imortalidad aunque sea de forma trágica versus el tempus fugit que amenaza diciendo que el tiempo huye más rápido de lo que queremos o podemos imaginar (el ansia de esa vida de la muerte para la que un instante son los siglos…). No se trata de una lucha fácil, y aunque a veces se hace tan difícil de mantener que Bécquer desearía su muerte y descanso ( alguna vez me acuerdo con envidia de aquel rincón oscuro y escondido) sabe que la lucha es efímera ya que el tempus fugit es sólo un recordatorio de que ella, nos opongamos más o menos, siempre acaba con nosotros para dar paso a esa vida de sueño tranquila y paradisiaca como recita Bécquer en el que sería el clímax de la rima : ¡Oh, qué amor tan callado, el de la muerte! ¡Qué sueño el del sepulcro, tan tranquilo!

A Bécquer le sonrió más la muerte que se llevó a sus seres más queridos que la existencia que no le entregó ni el amor de su vida; sólo una persona con tal currículum podría hablar de la muerte como descanso o llevar hasta tal punto su lucha frustrada para sobrevivir, aunque estuviera solo y desengañado en el mundo. Lo único que sabemos de cierto es que su último deseo fue que se publicaran sus rimas en las que se incluye esta, para poder demostrar que anuque él  se enontrara en ese descanso que da la muerte, el yo heroico había triunfado ya que de forma con su muerte pudo lograr lo que más buscaba, su imortalidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: